Recibamos abril, en el ojo del huracán.

Son ya veinte los días obligados a instalarnos en el presente, el gran olvidado de nuestras vidas.

Esta agresiva pandemia nos está devolviendo al origen, cuando creíamos tenerlo todo casi resuelto.

Valoramos la vida y amamos a nuestros seres queridos más que nunca.

Los ánimos decaen. Como luciérnagas nos propusimos brillar cuando todo se puso oscuro. Hemos transitado días de esperanza y optimismo, que van dando paso a otros que traen indefensión y agotamiento. Mantener la sonrisa es más que nunca un acto revolucionario.

Mira por dónde cuando creíamos haberlo visto todo, dimos un traspiés.

Planeé cosas que nunca funcionaron y funcionaron cosas que nunca planeé

De primera mano experimentamos responsabilidad, humildad, enfermedad, muerte, amor al prójimo, resiliencia, miedo, respeto, coraje, valentía, paciencia.

Tenemos delante la incógnita de nuestro paso por el mundo, cuando el tiempo ya no apremia, un beso destruye, y el dinero no te salva. La vida como la habíamos entendido, se detuvo. Reflexionamos sobre las prioridades, las redes sociales y el mundo virtual, que falsamente imita a la realidad, sobre el tiempo y su gestión.

Si miramos un mes atrás, nos reconocemos sumergidos en la preocupación constante por el mañana: planes, facturas, vacaciones, estudios, … aderezada con una idea del ayer que habla de miedos irracionales.

Se ha roto la costura, no hay sistema, todo es primitivo. Los estándares y criterios de éxito que nos cosían directamente no sirven. Estamos de paso, lo superfluo ya no vale nada. Y entonces llega una gran paradoja: tienes más tiempo que nunca, pero no puedes compartirlo con nadie.

Nada de lo que tienes, ni tan siquiera tu tiempo, tiene sentido si no es con otros.  De un plumazo nos encontramos necesitados de presencia, sentimos que no somos nada sin la compañía de los demás. Hacía mucho que no conjugábamos la primera persona del plural.

Después de todo el amor sí conquista el miedo.

Luego el mundo real que gira hoy nos habla de los valores tiempo, libertad y vida en común.

Quizás este virus siembre el caos del que luego florezca la esencia que habíamos perdido, apenas capaces de prestar atención a lo que nos rodea, sin caer en que el mañana podía no llegar.

Nadie puede destruir el hierro, excepto su propio óxido. No permitas que tu pensamiento, sea quien te destruya.

Si crees que tus sentimientos y pensamientos tienen efecto en tu realidad, es el momento de regular tus reacciones a los estímulos externos sobre los que no tienes control. Convertirte en el ojo del huracán: un lugar de calma alrededor del cual gira la tormenta. No ceder a los sucesos el protagonismo de tu día, ni prestarles energía. Se puede lograr entrenando el permanecer en la quietud. Instalarte en el presente para salir del caos.

Yo te animaría a desconectarte de las noticias y las redes, de vez en cuando.

La humanidad está en la agonía de un tira y afloja en el que la conciencia colectiva quiere evolucionar, pero las viejas formas de ser y los modos obsoletos de control y seguridad siguen luchando por aferrarse a lo conocido, a través de estructuras de poder o por medio de nuestros egos individuales.
Contribuyamos a aportar luz. En mi vida diaria puede haber energía creativa suficiente que interiorizar para ofrecer una vida mejor, tengo margen de acción como para impactar positivamente en quienes me rodean.

Vivir consiste en construir futuros recuerdos diría Ernesto Sábato. Construyamos futuros recuerdos positivos, superando las inercias que nos impone esta situación. No es sólo esperar: paciencia. Hagámonos hábiles en mantener, como dicta la primera de todas las ciencias, una buena actitud mientras dure la espera.

En un mundo que parece desmoronarse, tomemos algo para ser más felices: decisiones.
Como dijo Viktor Frankl, cuando no podemos cambiar las circunstancias, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos. No olvides que somos creadores de nuestra propia realidad así que, si te sorprendes perdiéndote en pensamientos hacia el futuro incierto, o arrepintiéndote del pasado, simplemente regresa al presente.

Porque cambiando el foco, cambias tu energía, y con ella, tu futuro.

                                                                                                             Tal vez,

cuando volvamos a caminar, lo haremos más despacio.
                                                                                                                                                                        Cercanos,
                                                                                                                                                                         humildes,
                                                                                                                                                                        humanos.

Tal vez,

cuando esto pase, no regresemos a la inmortalidad.
Vulnerables,
finitos,
frágiles.

Y cuidaremos la vida como si ya la hubiéramos perdido.

 

 

 

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