Suelta.

Dejar ir es un acto de amor,

justo e irrenunciable.

Llega el momento de despedir el año como historiadores que somos de nuestras vidas.

Haciendo cronología personal, surge el balance y la reflexión. Momento de toma de decisiones, metáforas, de resetear nuevos comienzos y lanzar nuestros propósitos.

Como en la escalada a una gran montaña, solemos mirar el recorrido avanzado y ganar impulso para continuar adelante.

Es el hito del camino, bucólico y pastoril, que nos ayuda para llegar a nuestras metas.

Nos preparan para mantener relaciones, trabajos, amistades y cosas.

Desde pequeños nos enseñan a fijarnos un objetivo, alcanzarlo y agarrarnos a ello sea lo que sea, con todas nuestras fuerzas. La clave del éxito: conseguir algo y guardarlo con nosotros el mayor tiempo posible.

Y se convierte en una mecánica aprendida desde la infancia que funciona como sistema de obtención y retención que es gratificante en muchas ocasiones.

Pero, quién nos enseña a dejar ir? Quién nos dice cuándo debemos soltar amarras y renunciar a algo en vistas de algo mejor o simplemente en vistas de ninguna otra cosa?

Simplemente algo de espacio en nuestro mundo para dejar que la vida nos sorprenda…

Hoy despedimos un año más que con matices de año no natural, hace una década entera.
Diez años de vida que viene y va, de ilusiones y llanto, de logros y fracasos, de bienvenidas y despedidas.

Amanecerá mañana un día que no es uno más, repleto de propósitos que seguirán llenando tu mochila.
Porque la vida es éso, el saco de experiencias que a veces pesan y otras, nos dan alas.

Pero hay que dejar espacio.

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Hacer hueco, soltar, dejar ir.

Para que entre aire fresco, para que lleguen cosas nuevas, para seguir ensanchando el alma.

Hay que prepararse para abrir las manos y dejar que lo que no tiene que estar se marche, que lo que tiene que quedarse se expanda con más fuerza, y lo más importante, que lo que ha de llegar, tenga un sitio donde quedarse, en el que encajar.

Y no es fácil porque nunca es sencillo deshacerse de nuestros parasiempres, nuestras manías, nuestros vicios y causas perdidas.

Pero sabes qué?

Cada día que pasamos atesorando amores que no nos pertenecen es un día que dejamos de encontrar nuevas maneras de querer.

Por cada cinco minutos más de aquello que no nos llena, estamos perdiendo la oportunidad de descubrir lo que nos llena.

Por cada persona que nos retiene o nos frena, estamos privandonos de manos dispuestas a empujarnos en el camino.

Que cada uno se lo tome como quiera pero si puedo desearte algo para terminar el 2019.., es que no te olvides de dejar ir.

No es solamente un derecho.
También es una obligación con uno mismo. Propia, justa e intransferible.

Felices últimas horas del año. No te olvides de soltarlo.

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